miércoles, 8 de enero de 2014

EL PROBLEMA

"Y enseñare  a mi pueblo ha hacer la diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio" Ezequiel 44:23 RV68

"Deberán enseñarle a mi pueblo a distinguir entre lo sagrado y lo profano, y mostrarle cómo diferenciar entre lo puro y lo impuro" Ezequiel 44:23 NVI

Antes, cuando era niña creía tenerlo todo muy claro, me era muy fácil diferenciar entre lo que era bueno y lo que no, entre lo que me era conveniente y lo que no, entre lo que me daría alegría y lo que no. Sabia que era bueno salir a correr hasta quedar agotada y no era bueno comer las cosas que ya han estado un rato en el suelo sucio. Que era mejor no mentir a enredarme en mis mentiras.

Todo eso lo aprendi de la experiencia que ya otras personas habían tenido, es decir, cuando quise comer algo del suelo sucio, mi madre o padre, seguramente me advirtieron y evitaron que lo comiera porque me haría daño. 

En la actualidad se cree que para saber algo, uno mismo debe de pasar por ello, vivirlo, experimentarlo y demás, porque sino nunca sabrás realmente la verdad. Pero entonces, me llega a la memoria que tuve un profesor de Historia en la secundaria, que aunque sólo me dio clase un día, me dejo mucho aprendizaje, y ese aprendizaje no lo tuve que vivir por mi misma. Él dijo: La Historia es para no cometer los mismos errores del pasado. Es decir, para que hacer los mismo errores necios de nuestros antepasados, si puedes evitarlo.

Creo que se tiene mucha razón en ello. Para que sufrir por lo mismo que otras personas ya han sufrido, ¿por qué no aprender de ellos? Pero de pronto me asalta en la cabeza el dicho de: Uno nunca escarmienta en cabeza ajena. He de decir que uno como otro tienen razón, ciertamente la humanidad podría evitarse muchos problemas si aprendiéramos de lo que las generaciones anteriores ya han aprendido, pero que somos tan necios, que hasta que no nos pasa aprendemos realmente.

Pero aun y con todo me encuentro con este pasaje en la Biblia, donde Dios le dice a Ezequiel que les comunique ese mensaje al pueblo de Israel. Les encarga a los levitas que enseñen a su pueblo a disfrutar de su vida, mediante la correcta distinción de lo santo y lo profano, entre lo puro y lo impuro. Tal vez, entonces ahí radique el verdadero problema.

A diferencia de cuando era pequeña me era fácil distinguir entre lo bueno y lo malo, porque tenía el claro ejemplo de mis padres, pero ahora no logro hallar a esa persona que me enseñe entre lo puro y lo impuro, entre lo santo y lo profano. El ejemplo se ha desvanecido y yo vivo en dualidades mentales que despedazan mi corazón por la lucha constante entre saber qué será realmente lo que me haga feliz y que no, que me hará pura y que impura.

Y tal vez, eso se deba a la falta contante y latente de Levitas; verdaderamente comprometidos en dar ejemplo. Podrá haber personas que creas que te dan ese ejemplo de que así como ellos, tu también puedes triunfar en este camino terrenal, salir siempre victorioso de las arenas movedizas porque cuentas con el ejemplo vivo de alguien que ya lo logro. 

Pero no. Aun siguen habiendo muchas piedras y pocos Levitas. Y para mi desgracia, creo aun no he podido hallar Levita que me de ejemplo.

Tal vez el problema de todos los problemas radica en esto. Ya no es fácil encontrar Levita que enseñen la verdad al pueblo.

martes, 7 de enero de 2014

PRESENTACIÓN

A lo largo de mi vida he tratado de encontrar o de racionalizar como es que siendo quién soy puedo servir a mi Dios. La verdad es que hasta ahora no lo sé.

Sólo sé que he escuchado que si uno no habla, las piedras lo harán. Supongo yo que esta frase viene en la Biblia pero, nada mas la he escuchado en la música de Marcos Vidal. Por lo cuál de pronto en mi, aunque tal vez no del todo  de pronto, seguro Dios ya había trabajado más en mi para sentir ese ímpetu, de no permitir que las piedras fueran la sabia creación de Dios para hablar de Él.

Así que hoy me encuentro frente a este mundo virtual, en el cual no sabes realmente quién te lee, observa, crítica o apoya. Por lo cual, yo simplemente quiero creer que si mi voz a cayado, me puedo valer de otros medios para poder hablar sobre lo que más amo, sobre lo que más me apasiona, de lo que más quiero aprender y vivir. Ese algo es mi religión. Pero no como todos o la mayoría de las personas en la tierra define esta palabra, sino como lo que yo he vivido, el tener una verdadera, entrañable y unida relación con mi Dios.

Porque esa relación es más que la de un noviazgo, una amistad de hermanos o amigos, más que un matrimonio exitoso que ha durado hasta la muerte, es más que eso. Es la relación de Dios y su pueblo.

Es la relación de un simple mortal con su Creador. Aquel que nunca ha visto, ni escuchado su voz. Pero que es tal su relación que ha sentido su sonrisa, a tenido su abrazo, sus manos que lo traen de vuelta después de haberse perdido, su sangre derramada en la cruz, su gloria en mi. Creo que lo último aun no lo vivo, pero lo deseo con todas mis fuerzas.

Hablare de cosas concretas que me han sucedido en la vida, los problemas a los que me he enfrentado y  como han terminado, como es que Dios me ha dado la salida. Les hablare desde mi punto de vista y mi relación con Dios, así como desde su palabra.

Para que entonces sea un testigo fiel de mi Dios, y tal vez de alguna manera haga a las piedras callar. Y mi voz se escuche, y mi Dios me sonría.

Y aun más, que te sea útil a ti. Que tal vez estas pasando por lo mismo, o que tienes las mismas dudas que yo, o que te gusta leer de todo. O lo que sea. Tal vez sucederá lo que Dios quiera.

Así comienza mi travesía por evitar que las piedras hablen.